Roberta Garza
Sobre el Putazo Pontificio
Roberta Garza
MARCIAL MACIEL
Y las vacas volaron. En una institución donde ha sido mas valedero el que sufran unos cuantos inocentes a que muchos cuestionen la fe; donde, por el encubrimiento de delitos similares, el cardenla Bernard Law fue premiado por Juan Pábulo II con Santa María la Maggiore, Benedicto XVI le ha ordenado a Maciel el ostracismo. Apenas semanas después de haber anunciado la pronta canonización de su tío abuelo y benefactor en épocas fundacionesles, Rafael Guízar y Valencia ¡Quien lo diría!
No que los acusadores se den por satisfechos con el mero retiro del sacerdote, queriendo procesarlo por el delito de absolución del cómplice, en un pecado contra el sexto mandamiento (no cometerás actos impuros) delito castigable con la inmediata excomunión: Los agraviados reportan que, para evitar que hablaran, después de usarlos, Maciel les daba la absolución. Pero para una orden religiosa que basa su fuerza en el mas abyecto culto a la personalidad de sus líderes, para una que ha hecho de la imbricación con el Papa su lema de campaña, una que se sostiene vendiéndosele a la clase dorada como el mejor camino al cielo, lo que parece un golpecito en la mejilla se devela como un certero putazo pontificio.
No, no son menores las acusaciones de abuso presentadas ya desde los años cincuenta contra Marcial Maciel. Pero, poco se ha hablado de la perversión mas generalizada de la orden: El silencio y la ausencia total de crítica que le exigen a sus miembros a cambio de una pertenencia útil en términos sociales y económicos por la imbricación que durante años ha tejido la legión con los dueños del poder y del dinero. Así, cualquier sombra sobre Nuestro Padre, -como le llaman ellos- se convierte, por fuerza, en un compló que engendra reacciones mas que rabiosas. “Sabiendo que se trata de una nueva cruz que Dios, el Padre de misericordia, ha permitido que sufra y de la que obtendrá muchas gracias para la Legión de Cristo y para el Movimiento Regnum Christi”. Los seguidores de Maciel, oportunistas o no, acusan al Maligno, a los medios o a quien se deje, de lo que ya han comenzado a dibujar no como lo que es – una condena, sino como un capítulo adicional de su cristiana entrega y sacrificio. Cualquier cosa, menos despertar a lo mas contundente, que no es la sentencia en sí, sino el remitente de la misma, y que al final del documento dice así: “El Santo Padre aprobó estas decisiones”. Porque aunque a la mona la pinten de mártir, contra eso, no hay innombrable que valga.