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Carta Abierta a P. Alvaro Corcuera y....



Carta abierta al P. Alvaro Corcuera y a toda la cúpula de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi


http://blogs.21rs.es/trastevere/2010/05/01/carta-abierta-al-p-alvaro-corcuera-y-a-toda-la-cupula-de-los-legionarios-de-cristo-y-del-regnum-christi/comment-page-1/#comment-43252


A propósito del comunicado emitido hoy por la Sante Sede, tras la reunión de los visitadores con el Papa.

Madrid, 1 de mayo de 2010 (Por Trastevere)
.-

Permitanme que me dirija a uds en un día difícil y en el que sin duda estarán realizando una profunda reflexión. Y permitanme también que lo haga con la sinceridad con la que siempre he hablado de uds., incluso con la misma dureza con la que he venido denunciando las tropelías y delitos de su fundador, esas que hasta hace muy pocas semanas no han querido admitir y que les ha costado años reconocer.

Hoy, 1 de mayo de 2010, es un día histórico para las víctimas del depredador Maciel, para los sacerdotes legionarios, consagradas y laicos que con honestidad y coraje han debido superar en los últimos meses o años (según su capacidad de acceder y de querer aceptar la verdad) la desolación por la caida del mito al que llamaban Notre Pere, como lo debe ser asimismo para la Iglesia católica en general e, imagino también -prefiero suponer que es así- para muchos de ustedes.

Es un día histórico en este largo proceso en el que muchos, desde los que participan en este blog y su propio autor, hasta los que lo han venido siguiendo sin pronunciarse, han venido luchando desde hace años (en mi caso desde el 2001), soportando todo tipo de insultos y toda clase de incomprensiones y calumnias en la búsqueda de la verdad.

Es un día histórico como lo fue el día en que Benedicto XVI decidió condenar a Marcial Maciel a una vida de retiro y penitencia; es un día histórico como lo fue el día en que los legionarios debieron aceptar que Maciel tenía una hija; es un día histórico como aquél, muy reciente ya, en que el Papa decidió ordenar una visita apostólica a las instituciones y sedes legionarias nombrando para ello a cinco obispos como visitadores -con uno de los cuales tuve el honor de hablar-, y es un día histórico como el de este pasado y cercano 25 de marzo en que toda la cúpula legionaria (todos ustedes lo firmaron) admitió en un comunicado oficial los graves pecados y delitos de su fundador, y la doble vida (siempre he sostenido que era una triple vida) que llevaba ese repugnante falsario que se ha reido -no sin ayuda- de varios papas, de la Iglesia en general, y de sus seguidores, colaboradores y bienhechores en general.

He estado analizando el comunicado hecho público hoy por el Vaticano con detenimiento, he estado profundizando en la forma en que se ha ido publicando la información en los distintos medios y cómo ha sido recogida por los propios legionarios, y al respecto estoy preparando un post que colgaré en breve sobre todo ello.

Pero antes de la información, que ya los fieles comentaristas de este blog han comentado durante el día de hoy, quería dirigirme directa y especialmente a ud P. Corcuera, que sustituyó al fundador, y a toda la cupúla legionaria, algunos de ellos colaboradores de Marcial Maciel -ese del que ahora están reescribiendo la historia que ya habían escrito en su día- desde los comienzos de los Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores o de la Legión de Cristo, como la hemos venido conociendo la mayoría, desde los comienzos de la fundación.

Es un día histórico, que confirma lo que este Trastevere publicó recientemente , y todo lo que he venido denunciando -junto con otros extraordinarios profesionales, víctimas, algunos sacerdotes y algunos laicos- desde que inicie mi investigación sobre el depredador hace ya más de ocho años.

Reconozco que hoy, precisamente, me cuesta trabajo escribir sobre ello, al igual que me ocurrió el pasado 26 de marzo cuando publiqué en este blog el comunicado de la Legión admitiendo tan graves imputaciones.

Todavía faltan muchas cosas por aclarar, muchos encubrimientos, mucho daño que reparar, mucha justicia que ejercitar, pero el Papa Benedicto XVI ha dado muestras, una vez más, de que está decidido -a pesar de tanta oposición y tanta mentira- a limpiar todo lo posible la inmensa mancha negra que el ocultamiento de la pederastia ha traido a la Iglesia católica, y levantando a la vez una tremenda e injusta ola de sospecha sobre tantos sacerdotes, obispos, religiosos, y sobre el propio Benedicto XVI, en su etapa como cardenal al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Queda mucho por hacer, pero desde el 2006 he mantenido la esperanza, hoy reconfortada, de que a pesar de las infinitas dificultades, Benedicto XVI había tomado un compromiso vital, sereno, concienzudo y beligerante en la lucha contra la pederastia en el seno de la Iglesia y, en al caso concreto que nos ocupa, en el de los legionarios de Cristo.

El escándalo de Maciel y de los casos de abusos sexuales contra menores, que como un goteo incesante siguen estallando desde meses antes del final del pontificado de Juan Pablo II, han puesto en evidencia terribles pecados y delitos, pero, sobre todo, la errática política informativa y de actuación de la jerarquía eclesiástica en esta cuestión, y también de uds.

Todavía quedan muchas cosas que hacer -y seguiremos exigentes volviendo sobre ellas-, mucho daño e injusticias que reparar y muchas heridas que restaurar y cicatrizar.

Y , aún más, todavía quedan muchas cosas que explicar sobre encubrimiento y encubridores en estas últimas décadas, pero es innegable que Benedicto XVI ha querido y sabido emprender un camino, no precisamente de rosas sino con incontables y cortantes aristas, para poner coto, remedio y punto final -en lo posible- a esta lacra.

Desde aquí mi profundo reconocimiento al Papa y a todos los que en estos años, calumniados, ninguneados e insultados, han sabidio mantenerse fieles en la búsqueda de la verdad, y han seguido la titánica lucha contra el depredador, contra el silencio, contra el oscurantismo y contra tanta porquería que tantos se han empeñado en ocultar o minimizar, también ustedes.

Y tras este reconocimiento al Papa, al que ustedes dicen obedecer, le hago, les hago a todos ustedes, una petición clara y concreta para que, de una vez por todas, asuman su lacerante realidad e inicien con sinceridad y humildad su necesaria y demandada reconversión. ¡Ya está bien de mentiras o de verdades a medias! y ya está bien de seguir manteniendo que nadie sabía nada. Unos cuantos sí sabían y lo taparon como apunta muy claramente el comunicado de hoy. ¿Están dispuestos a reconocerlo de una vez?, ¿están dispuestos a presentar su dimisión y renuncia?, ¿están dispuestos a acompañar a tantos legionarios y miembros del Regnum Christi honestos y deseosos de una nueva legión en esta decisiva etapa como ha indicado hoy el Vaticano…?.

Pero, sobre todo, ¿están dispuestos de una vez a dar credibilidad sin fisuras a la legión y al movimiento, y con ello colaborar a la credibilidad de la propia Iglesia?. Todos los que aquí han venido participando, junto con este Trastevere que les escribe en este momento, estamos deseando conocer su respuesta pero no sólo con palabras sino con HECHOS. En ese camino, solamente en en el de los hechos, nos encontrarán a todos y contarán con nuestro apoyo.

Quedamos a la espera.

Atentamente, Trastevere

Carta de la Esposa de una Víctima

Guadalajara, Jal., 14 de Abril del 2010.
Estimado Padre Álvaro Corcuera:

He pensado mucho para decidirme a escribirle esta carta, pues además de saber que es usted una persona sobre la que pesa un gran número de responsabilidades graves, y más aún en este tiempo en que se les vino como avalancha a los Legionarios la opinión pública acerca de los pecados secretos, delitos y doble vida del padre Maciel, no encontraba la manera y el tono de dirigirme a usted que fueran apropiados tanto a la consideración que me merece su persona como al fin que me propongo.

Le pido al Espíritu Santo que me permita expresarle con plena objetividad, todo lo que hay en mi corazón, sin odio, resentimiento, o espíritu de revancha, con la única intención de ayudarlo a comprender un poco mejor la destrucción y los daños, no sólo psicológicos, sino también físicos, sociales y espirituales provocados por el comportamiento de su fundador, el Sr. Marcial Maciel, en sus víctimas, algunas de las cuales yo conozco.

Yo soy la esposa de Francisco González Parga, a quien usted mencionó en una entrevista que recientemente le hizo el conocido periodista Ciro Gómez Leyva. Usted dijo que lo admiraba; estoy segura que si supiera la lucha por la vida que él ha tenido que afrontar, las dificultades de todo tipo que ha tenido que vencer, y el trabajo de restauración personal que ha tenido que llevar a cabo para lograr su equilibrio y estabilidad emocional y reencontrar el camino de su perfeccionamiento espiritual, lo admiraría mucho más. Creo que la desarticulación y la desestructuración de su personalidad, así como el sufrimiento causado por ellas y soportado en completa soledad durante años, es algo que ni usted ni nadie que no lo haya conocido más de cerca, se pueden imaginar. Yo me casé con él y he estado a su lado por 30 años, yo sé cómo él ha llorado lágrimas amargas al ver que su vida se le fue de las manos y no pudo realizar ninguna de las grandes ilusiones que él tenía en Pro de la iglesia y de la juventud, pues, al salir de la Legión con tantas heridas, se encontraba limitado de muchas formas e incapacitado por la confusión, la desilusión, la ira, el desánimo, las profundas contradicciones y temores de todo tipo que sembró Maciel en su espíritu y en su ánimo ante Dios, sus semejantes y la vida. Por años me ha tocado compartir sus enfermedades, su tristeza y sus temores. Pero para cuando yo lo conocí y pude ofrecerle algo de consuelo y compañía, él ya había vivido años en depresión, lleno de toda clase de enfermedades; la mayoría de ellas psicosomáticas: insomnios, baja presión sanguínea, taquicardias, grave neuritis de carácter carencial que lo tuvo más de un año en cama, sin poder leer, ni sostener una conversación por más de 10 minutos, sin poder ver televisión ni escribir una carta. Actualmente ha perdido casi totalmente la vista y en parte por falta de recursos económicos no ha podido atenderse debidamente. Él ha sido una víctima de Maciel en el sentido más completo de la palabra, así como de todos aquellos que por años no sólo lo encubrieron sino que además lo exaltaron y ensalzaron tanto, consolidando con ello la opinión pública de que quienes lo denunciaban eran unos embusteros, envidiosos y mal intencionados conspiradores que sólo querían satisfacer sus ambiciones de poder dentro de la Legión, y al no permitírselo el fundador, inventaron calumnias abominables contra el santo sacerdote. ¡Qué pena, qué dolor, pero más bien, qué vergüenza deberían sentir ahora, quienes por defender el propio status, o la imagen de la iglesia, de la Legión, o del fundador, se convirtieron, de esa manera, en cómplices conscientes de Maciel! Porque es ya un argumento que a nadie convence, padre Corcuera, el que ni usted, ni los demás superiores más prominentes de la Legión, estuvieron al tanto, si no de todas, sí de muchas de las graves transgresiones y prevaricaciones de su fundador como sacerdote y como hombre.

Y ahora que usted le ha manifestado a Gómez Leyva su intención de venir en Mayo a México y “pedir perdón” a cada una de las víctimas que se atrevieron a levantar la voz al no aguantar más su dolor, a: Arturo Jurado, Pepe Barba, Saúl Barrales, Alejandro Espinosa, y muchos otros, yo me pregunto: ¿A qué viene verdaderamente el P. Corcuera? ¿A qué viene? ¿A ver los estragos que dejó su querido Padre Maciel en un grupo de hombres ya viejos, enfermos, heridos en todas formas, pobres, vituperados por todo el mundo que creyó en las versiones de ustedes y de Maciel, que eran unos mentirosos, unos calumniadores? Y viene a decirles: “¡qué pena! ¡Miren nada más lo que hizo “Nuestro Padre”! La verdad es, P. Corcuera, que me hierve la sangre de indignación, sólo de pensar que usted viniera con esa actitud. Es una vergüenza escuchar todas esas declaraciones que están haciendo ahora los legionarios y los obispos mexicanos en torno a la pederastia de los sacerdotes y los delitos cometidos por Maciel. Más valdría que no dijeran nada. Todos hablan de “pecado” y de “perdón cristiano”. Y no toman para nada en cuenta que las transgresiones de un hombre, cuando llegan a ser delito, se convierten también en un atentado contra la sociedad, en un atentado de “lessa humanidad”, porque como muy bien dijo en la Cámara, la Coordinadora de los diputados del Pan, Josefina Vázquez Mota, “el delincuente se convierte en un promotor de la muerte, pues mata la esperanza de vida al destruir la verdad, y la confianza en la honestidad”. Por esa razón, los delitos se persiguen “de oficio”. Los graves delitos no se deben arreglar solamente en el confesionario, ni un individuo particular puede absolver al delincuente en el foro de la justicia social.

Intentar justificar hacerlo así, me recuerda la historia de un hombre que le robó su carro al vecino. Luego, un buen día se da cuenta de que para estar bien con Dios, tenía que arrepentirse del mal ocasionado a su vecino, y va con el vecino y le dice: “Vecino, vengo a pedirle perdón porque le robé su carro, no sabe usted qué pena me da, de verdad, me duele ver que usted con tanta molestia va y viene a pie a su trabajo, pero mire, ya me dí cuenta del mal que hice y estoy muy arrepentido, de mi mal comportamiento; siento vergüenza de mí mismo y por favor perdóneme”. ¡Hecho esto se va, pero no le devuelve su carro al vecino, sino que sigue utilizando el automóvil robado! ¿Cree usted que Dios y el vecino afectado estarán conformes con esa clase de arrepentimiento? Pues parece que hasta ahora así entienden los obispos y ustedes mismos –los legionarios--, el arrepentimiento. Maciel les robó a estos hombres la vida, les robó la oportunidad de haber construido para sí mismos y para sus familias un futuro digno y feliz; les robó sus ideales, su salud, y hasta su reputación social, su paz y la alegría de vivir, ¡TODO! ¿No cree usted que los que ahora fungen como superiores de la Legión deberían en estricta justicia resarcir a todos y cada uno de estos hombres tanto en lo social como en lo económico de todos esos bienes de que fueron fraudulentamente despojados? Porque toda la vida de Maciel fue un fraude, y engañó dolosamente a todos sus seguidores con falsas ideas y prácticas sobre la vocación, para utilizarlos como señuelo con el que pescaría a manos llenas prestigio y admiración en los medios clericales y avalanchas de dinero en su arcas. Fueron esos jóvenes engañados a los que Maciel ocupó también como esclavos y mano de obra gratuita, para amasar esos grandes tesoros, a los que ustedes ahora se aferran, no haciendo mención en ningún momento de restitución.

Como abogada que soy, sé que desde el punto de vista legal, ustedes están obligados a pagar a las víctimas daños y perjuicios, pero también sé, desde el punto de vista espiritual, que es en el que ustedes deberían saberse mover con objetividad y verdad, que Dios mismo, en Su Palabra, cuando se refiere al pecado, distingue muy claramente entre la ofensa directa hecha a Él, la que Él perdona exclusivamente mediante el arrepentimiento sincero del corazón, y el daño social causado por el pecado, el cual el pecador debe pagar durante esta vida, como una forma de restitución. Esto está evidentemente mostrado en el pasaje que se refiere a los delitos de adulterio y asesinato cometidos por el Rey David (II Samuel 12,1-14).

Cuando usted dice en esa entrevista a la que me he estado refiriendo, ¡Qué pena que Saúl Barrales está enfermo!,… Bueno Padre, ¿usted realmente cree que para Dios y para el señor Saúl Barrales, o para la sociedad, con eso basta? ¿No cree usted que eso suena a pura hipocresía, y apariencias? ¿Porqué no se interesa en informarse qué es lo que tiene (tiene cáncer en la próstata), a continuación se informa en qué buen hospital lo pueden atender debidamente y cuánto cuesta su atención médica ¡Y SE DECLARA DISPUESTO A PAGARLO!? No se queden muy arrepentidos, pero con el fruto del despojo. Infórmense sobre qué pueden hacer prácticamente por las víctimas, y restituyan en justicia; no piensen sólo en decirles un “lo siento” y “perdonen”; ese tipo de disculpas, Padre, no es válido, ni humanamente y mucho menos cristianamente. Eso no es más que fariseísmo e hipocresía.- Me dirá: yo no fui, fue Maciel. Sí, es cierto, hasta cierto punto, pero los superiores actuales de la Legión, aún cuando fuera cierto que no están implicados directa o indirectamente en los hechos delictuosos cometidos por Maciel durante décadas, tienen, sin duda ninguna, la obligación de reparar el daño y restituir los robos que él cometió, como cualquier albacea lo hace con los recursos heredados por el difunto. Recursos que Maciel en este caso acumuló, sobre la vida de todos esos esclavitos, sus víctimas, quienes seguramente han invertido mucho tiempo y dinero en su rehabilitación, y de los que, algunos, ahora están y han estado en total abandono y pobreza. Y no me diga ahora, padre, que ese dinero no es de ustedes, que no pueden disponer de él, porque es de las almas que van ustedes a salvar. Primero está la obligación que la devoción.

Bueno, ya no quiero seguir estrujando mi corazón recordando todas estas terribles cosas del pasado, e intentando hacerle tomar conciencia de los daños causados y de la obligación de repararlos, sólo quiero decirle que en lo que se refiere a mi esposo, él no quiere que venga a pedirle perdón como lo ha venido haciendo hasta ahora; no venga a perder su “precioso tiempo”, no queremos ayudarle en el juego de ir poniendo palomitas a su lista de víctimas a las que ya pidió perdón.

Para finalizar, le quiero decir Padre Corcuera, que no se preocupe tanto por el dinero y las posesiones. Eso no lo honra. Preocúpese por aquellos que no hayan podido perdonar estas cosas, ni delante de Dios y haga algo por ellos. Ofrézcales un resarcimiento público de su inocencia. Ellos merecen además una compensación por el servicio que le han hecho a la sociedad, a los buenos legionarios y a los buenos católicos, al denunciar los hechos, con mucha inversión de su tranquilidad, de su buen nombre, de sus vidas y hasta de su dinero, arduamente devengado en su trabajo. Pero sobre todo, preocúpese por las cuentas que ustedes, los legionarios, van a tener que dar a Dios como las que ha de haber tenido que dar su padre fundador, al que tanto defendieron y ensalzaron. Preocúpense de ponerse a cuentas con Dios, y también de arreglar sus cuentas con tantos muchachitos y jovencitas generosos e ingenuos que ustedes sedujeron, secuestraron y luego utilizaron en primer lugar para sacar más dinero a cuantas personas creyentes y bien intencionadas se pusieron a su alcance. Porque “nada hay oculto que no haya de ser revelado”, y “lo que se dijo y se hizo en lo secreto, se anunciará sobre los tejados”. Palabras verdaderas son estas que se están cumpliendo en ustedes y en la iglesia católica, no obstante su poder, su dinero y su influencia. De Dios nadie se burla.

Le anexo unas cartas que escribí en su momento al Padre Oriol y a Lucrecia Rego de Planas para que conozca un poco más acerca del dolor recibido por las víctimas de Maciel y compartido por quienes hemos estado cerca de ellos. Me gustaría también mandarle el testimonio que entregó mi esposo a Mons. Carlo Scicluna para que conociera a fondo su tristísima experiencia, pero temo ser excesiva y puede que usted ya lo conozca. Si no es así y le interesara leerlo, se lo enviaría por correo electrónico. Le ayudaría a redimensionar el estrago causado por Maciel en sus víctimas. En mis otras cartas conocerá también mi modo de pensar sobre el caso
Maciel y los legionarios. Le mandaré también por correo electrónico, si le interesa y me da su correo, el documento que mi esposo entregó a Monseñor Watty aquí en México en una entrevista que Mons. concedió a un grupo de víctimas de Maciel, de la Legión y del Regnum Christi.

Atentamente.



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Lic. Ma. Esther de González





Carta a Alvaro Corcuera

México 27 julio de 2010

Estimado en Cristo P. Alvaro,
Acudo a usted de nuevo con dolor y vergüenza. El dolor aumenta con el conocimiento que enviarle esta carta es un ejercicio inútil como han sido otras cartas y otras sugerencias a usted y a varios superiores. Pero el silencio no es una opción pues me hace cómplice de aquel que abusó y robó la vida a hermanos nuestros.
En estos días que he tenido el honor de visitar algunas casas legionarias (y de ser recibido con mucha caridad) he constatado con mis propios ojos que en varias de ellas hay fotografías del pueblo de Cotija, de la casa de Cotija, e increíblemente, en 3 lugares (San Salvador, Cancún y Cañada) hay fotos del P. Maciel rodeado de apostólicos o de los primeros grupos de legionarios. ¿Cómo es posible Padre Alvaro? ¿Qué mensaje estamos mandando a las víctimas del P. Maciel? ¿Es esta la manera de acoger el comunicado del 01-05-2010? P. Alvaro, por Dios y en honor de aquellos que sufrieron el horror del abuso, la agonía del desprecio y del olvido le suplico que ordene que se quiten las fotos del abusador, de la casa donde nació, del pueblo que le acogió y de la fundación que propició aquellos actos que hirieron a la inocencia y han traído tanto descredito a la Santa Iglesia.
Igualmente le suplico que dé indicaciones para que todos los retiros en Cotija se hagan en un tono de reparación, que el cuerpo del P. Maciel sea trasladado desde el altar central a una de las gavetas laterales donde están los demás legionarios (para que sea solamente Cristo al centro). Sugiero que la casa del difunto sea convertida en una casa de reparación y de adoración perpetua y que el museo sea convertido en un museo para recordar a sus víctimas y garantizar que jamás sean olvidados. Finalmente sugiero que se regale a la diócesis la casa de arriba (CCI) que podría utilizarse como seminario/ casa de retiros o un lugar para la recuperación de sacerdotes alcohólicos o viciados. Así haríamos un gesto de reparación a la iglesia de México tan desacreditada por culpa nuestra.
Igualmente he constatado que en México se siguen teniendo las reuniones de líderes con las infames listas que dividen las personas y las familias en triple A, doble A, etc., y pone los nombres de los sacerdotes que tienen que “cultivar” estas familias y luego sacarles dinero. Padre Alvaro es una práctica inmoral que va contra el principio de que las personas jamás pueden ser utilizadas como medios a un fin. ¿Cómo puede un sacerdote acercarse a una familia con una intención tan mundana? ¿Cómo puede un sacerdote utilizar los sacramentos, la amistad o la dirección espiritual con una segunda intencionalidad? Esta es la metodología que institucionalizó el difunto fundador que vivió sin escrúpulos. ¿Cómo vamos a reformar las constituciones cuando ni siquiera podemos quitar prácticas tan obviamente inmorales? ¿Cómo vamos a tener el valor de identificar un carisma cuando no podemos identificar verdaderas injusticias? ¿Cómo vamos a tener una cultura de transparencia y honestidad cuando tenemos listas de personas divididas en categorías y tratamos con ellas por motivos pecuniarios? ¿Cómo vamos a convencer a las personas de nuestra rectitud de intención en el trato con ellos? ¿Qué van a sentir las personas cuando sepan que están en estas listas nefastas?
En realidad Padre no espero ninguna acción. No ha cambiado nada desde dentro en todo el tiempo de la crisis, todos los cambios vienen desde fuera (Visitadores, Vaticano, presiones de la prensa o de las conferencias episcopales). Todo sigue igual… hasta las malditas fotos del abusador en las paredes de las casas… para recordarnos de las estructuras de poder que impuso el P. Maciel y que siguen vigentes hasta el día de hoy. Seguimos siendo víctimas del P. Maciel porque no tenemos ni Padre ni Pastor que nos saque de este pantano en cual estamos metidos.
Me despido de usted,
Afmo. En Cristo, P. Peter F. Byrne L.C.

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