Esther de González
De la Esposa de una Victima de Maciel
DE LA ESPOSA DE LA VICTIMA
Lic. Ma. Esther de González.
Guadalajara, Jal., 28 de Mayo del 2006.
Sr. Juan Pedro Oriol
P r e s e n t e
Estimado Padre:
Me permito escribirle esta carta, aunque no lo conozco, solamente porque vi en el periódico una crítica que hace usted a la película "El Código Da Vinci". Lo que me llamó la atención es al principio del artículo que usted lo dedica al "Padre Marcial Maciel, hombre bueno, íntegro y fiel". Estos epítetos me calaron en lo más hondo de mi corazón porque no está usted calificando verazmente a ese señor. ¿Es Bueno, cuando abusó de más de 100 muchachos adolescentes y aún niños que él había reclutado para la vida religiosa? ¿Íntegro, cuando, por lo que sé de él, ha estado viviendo una doble vida de forma permanente, por décadas? ¿lo cree usted después de todos esos actos aberrantes de que se le acusa con verdad? ¿Fiel? ¿A quién? ¿al Papa que lo encubre, a los Legionarios que lo sirven y lo idolatran?, o más bien, ¿a sí mismo? Pero ciertamente, ni bueno, ni integro ni fiel para con Dios ¡NO! Dios vio todo lo que él hizo, pero de Dios nadie se burla y Dios ya le está pidiendo cuenta de sus crímenes, pero aún Maciel tendrá que enfrentarse cara a cara con Él en un tribunal donde no se tendrá en cuenta ni su edad, ni su delicado estado de salud. Y, esto, lo más probable es que muy pronto, debido precisamente a su edad.
Le digo todo esto con todo conocimiento de causa, pues yo soy esposa de una de las víctimas de Maciel y brevemente le voy a contar lo que yo viví como fruto de ese abuso, de ese asesinato de un alma limpia que nunca se imaginó encontrarse con un perverso homosexual que lo marcaría para toda su vida.
Cuando yo conocí a mi esposo, hace aproximadamente 33 años, lo empecé a tratar, lo empecé a amar, poco a poco me fue él contando su vida, me dijo a grandes rasgos que cuando él tenía 15 años (ahora tiene 65), el padre Marcial Maciel había abusado de él en un Colegio que tienen los Legionarios en Ontaneda, España.
Entendí que él quería ser sincero conmigo y quería contarme todo su pasado para entrar al matrimonio sin ningún secreto. Yo ya sabía que él había sido sacerdote, sin embargo nunca me imaginé los horribles hechos que lo habían orillado a dejar el sacerdocio, ni las secuelas y consecuencias que habían dejado en su personalidad. Así que, aunque ciertamente me molestó, y me inquietó el conocerlos, seguimos con nuestra relación, nos casamos, y todo parecía normal; sin embargo, lo veía siempre triste, muy cansado, se agotaba con mucha facilidad.
En el primer año de casados, se enfermó gravemente de la uretra y estuvo a punto de morir. Duró 6 meses internado en un hospital de la ciudad de México con una infección tremenda.
Cuando salimos de esa, él seguía triste, enfermo de otras cosas, padecía graves insomnios, semanas enteras no dormía, en una palabra, estaba en depresión permanente, y cuando oía algo sobre el Padre Maciel se ponía muy nervioso, muy alterado, fuera de control, se le sacaba la boca, le dolía el estómago y le afectaba en su proceso de digestión.
Yo entendí que las enfermedades y la depresión venían desde el abuso, pero él siempre luchó y se sobreponía para seguir adelante, cumpliendo con los diversos trabajos que tuvo; durante varios años estuvo dando cursos de relaciones humanas, luego abrió un despacho de consejería y dio clases como profesor en el ITESO, hasta que por su estado de salud y agotamiento, llegó el momento en que no pudo ya trabajar.
Entonces yo tuve que enfrentarme por varios años a todos los gastos de la casa, sus doctores y sus medicinas. Tenía que trabajar muy duro. Pues además de que tenía que atenderlo, cuidarlo y animarlo, estaba estudiando mi licenciatura en derecho.
En varias ocasiones durante ese período, cuando su angustia interior declinaba en anemia, por la falta de digestión y los insomnios, mi marido buscó la ayuda en tratamientos con psicólogos, y en la medicina alternativa. La mayor parte de los ingresos económicos que entonces teníamos, iban para el Psicólogo que habitualmente no hacía reducción en sus tarifas y era muy caro.
Así que, padre, debe darse cuenta de que para quien ha vivido ese infierno que nosotros vivimos, por culpa de otro, es muy difícil mantener la calma al escuchar que a ese otro malvado, lo tienen como un santo, un hombre intachable, "como un ejemplo y guía de la juventud", o como, “un hombre bueno, integro y fiel”. Y no es envidia, padre, es indignación al ver la obra de Satanás tan perfectamente urdida para que muchos inocentes caigan en las garras del agente perfectamente camuflado que él ha enviado, vestido con piel de oveja (con apariencia de santo y con sotana) y es tristeza, al ver como hombres de buena voluntad como Ud. han caído y están incapacitados para ver, pues tienen los ojos vendados, pero aún así se prestan para salir en defensa del depredador, haciéndose sus cómplices.
Yo soy abogada, yo sé lo que es un testigo y una víctima, a usted y a todos los que defienden a Maciel, no les hizo nada mas que engañarlos de que era una buena persona, ustedes son "testigos de oídas", como se dice en Derecho, pero yo que usted padre, tendría cuidado de andar ponderando a ese demonio que se viste de luz, que llama a la verdad mentira y a la mentira verdad. Yo que usted investigaba, preguntaba, indagaba, no sea que Dios también a usted le pida cuentas y le tenga que responder: "pues yo creía. . . ., pues todo mundo decía. . . . , total, pecados de juventud, a muchos sacerdotes les pasa y ellos no han hecho nada por la Iglesia, etc. etc. Todos esos argumentos no le van a valer ante Dios.
Por otro lado le quiero decir, que Dios sí es bueno y él sí es fiel y un día Dios tuvo misericordia de mi esposo y nos envió una persona santa que nos llevó al conocimiento de la Palabra de Dios, nos llevó a hacer nuestra paz con Dios, nos llevó a ver a Jesucristo como la única puerta para nuestra salvación y nuestra liberación. Poco a poco Dios mismo, como un padre amoroso, fue restaurando las heridas de mi esposo, fue sanando su corazón, y le puedo decir con toda certeza, que ya perdonó a Maciel y hasta ora por él para que Dios tenga misericordia de él y lo ayude a buscar el arrepentimiento antes de que sea demasiado tarde.
Padre, de verdad deseo que Dios ponga en usted un espíritu especial, un espíritu de revelación que le haga conocer la verdad y que esa verdad lo haga libre (como dice Cristo) y feliz (como dice usted en su artículo).
Lo saludo con afecto y con el amor que Cristo ha puesto en mi corazón
Lic. Ma. Esther de González.